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Abril 2019, un lunes a las 9.05:

—Esta semana vuelve a programarte más citas con clientes, nos va a pillar el toro. — Dijo mi jefe con papeles y papeles en las manos mirando los ingresos y gastos del pasado año. — Hay que vender más, el negocio necesita un empujón.

—Para eso estamos buscando a alguien para ventas desde el año pasado ¿no? — Contesté.

Era una tarea que había quedado en el tintero. A mí me gustaba la parte creativa y técnica del interiorismo, el diseño, pero aquí lo que importaba era el dinero... Mientras pensaba esto mi jefe seguía mirándome, a lo que contesté:

—¿NO? Yo estoy en el departamento técnico, mi responsabilidad no es vender.

Me planté. Puse límites. Me expresé. Me fue difícil entender qué pasaba por la cabeza de mi supervisor, pero me sentía en paz (no era el trabajo de mi vida).

Dos meses después tuve la respuesta: me despidieron.

Al poco tiempo, colgaron un cartel en el centro de yoga donde practicaba que decía “Formación de yoga”. Entonces pensé, “igual es el momento”. Estaba en un momento de transición laboral y… ¿por qué no dedicarme y regalarme este tiempo?

Seguramente el resto te lo puedes imaginar. A día de hoy comparto mi pasión por el yoga impartiendo clases de vinyasa, hatha y aéreo, ayudando a quitar límites y miedos.

En mis clases encontrarás diferentes retos que te harán ir llegando cada vez más lejos, hasta donde no imaginas llegar.

¿Te apetece profundizar en tu práctica?

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